Tras más de 25 años desde el comienzo de la conocida como Operación Chamartín con BBVA como impulsor principal, la entidad financiera está a punto de dar el mayor paso corporativo para desprenderse del control del proyecto conocido actualmente como Madrid Nuevo Norte. La entidad financiera ha encontrado un socio, la socimi Merlin Properties, que garantiza la estabilidad a futuro para el desarrollo durante más de dos décadas de la que es la mayor iniciativa urbanística de Europa en la actualidad, según revelan fuentes financieras. Tras los últimos contactos, ambas partes se han dado margen para sopesar si cerrar en firme la operación.

BBVA y Merlin llevan negociando discretamente desde hace meses una alianza estratégica para el desarrollo de los terrenos que actualmente suponen una brecha al norte de la ciudad, donde se construirá más de 10.000 viviendas y, sobre todo, la que será la nueva city financiera y de oficinas de la capital, junto a la estación de Chamartín.

La operación se estructuraría, según las fuentes consultadas, mediante una aportación por el banco de todos sus activos relacionados con ese ámbito urbanístico a la inmobiliaria. A cambio, BBVA recibiría una participación accionarial de la socimi. De esta forma, el banco se asegura seguir supervisando el desarrollo completo del proyecto, cuya duración se alargará entre 20 y 30 años. Se desconoce el canje de acciones que supondría la transacción.

La alianza entre el banco presidido por Carlos Torres Vila y la mayor inmobiliaria de España aseguraría el control del proceso urbanístico, que es considerado por las Administraciones como un proyecto de Estado, en el que Fomento renovará la estación como principal nudo del AVE del país y Madrid dispondrá de su nueva city para los negocios. Se prevé que la Comunidad de Madrid otorgue la aprobación definitiva a la operación antes de final de año, tras recibir en julio el visto bueno por unanimidad de todos los grupos políticos del ayuntamiento de la capital.

Merlin, inmobiliaria cotizada en el Ibex 35 y que tiene a Ismael Clemente como consejero delegado, es valorada de forma positiva tanto por el banco como por las Administraciones como socio ideal, ya que impide que el nuevo ámbito caiga en manos de fondos especulativos o de fondos soberanos extranjeros sin experiencia en el desarrollo urbanístico y en la edificación en España.

En la actualidad, la socimi (sociedad cotizada de inversión en el mercado inmobiliario), ya colabora con el Ministerio de Fomento en la gestión de las zonas logísticas de los puertos de Barcelona y Sevilla y su nombre ha sonado con fuerza en las quinielas para la futura operación de las nuevas zonas logísticas aeroportuarias de AENA.

BBVA impulsa este proyecto a través de la compañía Distrito Castellana Norte (DCN), la sociedad que tiene los derechos de la mayor parte de los terrenos de Madrid Nuevo Norte mediante una opción de compra por más de 1.200 millones de euros a pagar al administrador ferroviario Adif.

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El banco controla el 76% de DCN y el resto es de Grupo San José, empresa controlada por Jacinto Rey. Según las fuentes conocedoras del proyecto, la relación actual de socios se mantendría inalterada, así como los pesos relativos al consejo de administración. La entidad de Torres Vila se desprende de la operación debido a la férrea vigilancia que ejerce el Banco Central Europeo sobre el capital de las entidades financieras y la necesidad de reducir su exposición al ladrillo. De hecho, habitualmente se ha hablado que Madrid Nuevo Norte llevará aparejada una inversión de más de 6.000 millones de euros, lo que limitaría los recursos propios del banco.

BBVA, la única de las grandes entidades financieras españolas que rehusó apoyar la creación del llamado banco malo, la sociedad de gestión de activos procedentes de la reestructuración bancaria (Sareb), se deshizo del grueso de su carga de ladrillo, que venía gestionando a través de su plataforma Anida, traspasándoselo a fondo Cerberus en 2017. Hasta ahora, sin embargo, la entidad venía manteniendo en sus manos la Operación Chamartín, una inversión de miles de millones que incomoda a los supervisores bancarios y le ataría de manos para realizar otras operaciones en el campo financiero.

La operación supondría, además, un soplo de aire fresco para la entidad, que en los últimos tiempos viene viendo moderarse sus resultados contables y bursátiles. La entidad ganó 2.442 millones en el primer semestre de este año, un 3,7% menos que un año anterior, mientras que su acción se sitúa en los 4,68 euros, 90 céntimos por debajo que hace un año.

La solución que se sigue negociando daría un nuevo impulso al banco, que además, mantiene excelentes relaciones con Merlin desde 2014, cuando BBVA le vendió más de 1.000 sucursales bancarias de su red y que fue el origen de la cartera de la socimi.

Además, la entidad financiera fue accionista de la inmobiliaria tras la integración de los activos terciarios (oficinas y centros comerciales) de Metrovacesa en Merlin en 2016, aunque a finales de 2017 vendió su participación en la compañía. Igualmente fueron socios en Testa Residencial, de vivienda en alquiler.

De consumarse, la operación supondría para Merlin consolidar a largo plazo su posición de inmobiliaria líder en España, sumando más de un millón de metros cuadrados en activos en arrendamiento a su patrimonio actual, que alcanza los cuatro millones de metros cuadrados entre oficinas, logística y centros comerciales. Ambas compañías declinaron hacer comentarios.

Fuente: Cinco Días